Viviendo nuestro carisma, en medio del trópico boliviano

Introducción: Partimos en el mes de marzo de Chile las tres hermanas que íbamos a integrar la nueva comunidad de Entre Ríos en el trópico boliviano y logramos nuestro objetivo después de cinco meses, dos hermanas quedamos atrapadas en Cochabamba por la cuarentena y de nuestros trámites, que, a causa de ésta, se prolongaban en el tiempo. Pero por fin el día de Santa Clara vimos la luz y pudimos llegar a la misión.

Y cual fue nuestra sorpresa al llegar a Entre Ríos, ¡milagro! Aquí no existía el virus. Fue una población muy azotada por el Covid, hubo muchos fallecidos, pero el sentir popular era y es que ya todos estuvieron contagiados y están libres, que nada les puede pasar y con esa convicción, no existe la distancia de seguridad, ni las mascarillas, ni el miedo, que ese es el mejor remedio.

Finales del mes de agosto se comenzó con las misas dominicales y con las catequesis de confirmación y primera comunión.  Aquí hay muchos niños/as y jóvenes que acuden a prepararse para recibir los sacramentos. Para nosotras todo era novedad: la cultura, la forma de llevar la parroquia, el clima… Nos integramos en la catequesis de primera comunión y de acólitos; una hermana acompaña al sacerdote los domingos a una comunidad y también los cantos en las celebraciones.

                                                                                                                                                                               Lógicamente nuestra misión ha estado totalmente condicionada por la pandemia , porque cada una/o somos responsables de que esto acabe, cuidándonos y cuidando a los demás, por ello no hemos podido visitar familias y comunidades para ir integrándonos más y conociendo a nuestra gente, aunque de alguna manera esto se da en el contacto con ellos en la parroquia, en el mercado… Nuestra misión principal como FMM está siendo “ser presencia del amor humanizante de Dios”, en esa pastoral del ENCUENTRO con los que viene a nuestra puerta, con los que nos encontramos en el mercado, en la calle…, un saludo, una sonrisa, pequeños gestos que generan VIDA.

 

El gran desafío, ante tanta niñez y juventud, es como pasar de la catequización, a la evangelización, para que el mensaje de Jesús cale en sus corazones y sean hombres y mujeres que se abren a la acción del Espíritu para dejarse moldear por Él y ser personas de bien que se entreguen por la causa de Jesús, su Reino, para cambiar esta sociedad demasiadas veces deshumanizada por nuestro egoísmo. Es una gran misión, y no nos vamos a engañar, nada fácil, porque el objetivo que les trae a la catequesis es recibir el sacramento y la mayoría desaparecen hasta la próxima ocasión y eso genera una gran pobreza en la iglesia local porque pocas personas se comprometen para servir a la comunidad.

Jesús antes de comenzar su misión vivió durante 30 años una vida oculta en Nazaret. La realidad nos está regalando nuestro Nazaret particular, tener un tiempo antes de entrar de lleno en la misión, para interiorizarnos de todo lo que implica esta espiritualidad que es un misterio de pequeñez, de humildad, de silencio y esto implica una cierta manera de encontrarse con los demás, con respeto, escucha atenta, sin la preocupación de querer transformarlos a nuestra imagen, es estar con ellos con el único deseo de manifestarles el Amor preferencial que Dios les tiene.

Nos gustaría que todo fuera diferente, que nuestra misión fuera mucho más intensa, de alguna manera nos sentimos como con “las manos vacías”, pero al recordar el texto de (Lc 10,20), donde Jesús les dice a sus discípulos: “no se alegren de que los espíritus se les sometan, sino de que sus nombres están escritos en el cielo”, seguro a nosotras nos dice: “no se sientan frustradas porque no logran sus objetivos, lo importantes es que sus nombres están escritos en el cielo”.  Y como Dios nunca se deja ganar en generosidad estará llevando adelante su misión a “su manera” que es la más adecuada.

Que todo lo que estamos viviendo, sea para mayor gloria de Dios.

Comunidad Nuestra Señora de los Ángeles,

Entre Ríos. Prelatura de Aiquile.

 

Maria Lourdes Rey Urdaci, f.m.m

Amalia Felicidad Conde Limachi, f.m.m

Danny Chacko, f.m.m

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