Franciscanas Misioneras de María (FMM)

Al servicio de la misión en el mundo

 

Fundado en 1877, por María de la Pasión (Hélène de Chappotin) dentro del gran impulso misionero del siglo XIX, el Instituto de las Franciscanas Misioneras de María (FMM), es hoy una congregación católica internacional que trabaja en 73 países en los cinco continentes. Forma parte de la familia franciscana.

En estos cerca de 150 años, el rostro de la misión ha cambiado, así como el de la Iglesia. Pero el mandamiento de Cristo permanece el mismo: “Id,” haced discípulos entre todos los pueblos… Lo que habéis hecho con uno de estos más pequeños, es a mí a quien se lo habéis hecho… Os reconocerán como discípulos míos si os amáis los unos a los otros…”

Mujeres de diferentes naciones y culturas, alcanzadas por el Amor de Cristo, consagradas por el servicio del Evangelio, queremos, con todo lo que constituye nuestra vida, manifestar el amor de Dios por todos, sobre todo por los más pobres y abandonados.

Nuestra vida de Franciscanas Misioneras de María está marcada por ciertos acentos:

  • “Para la misión y sus riesgos” Una misión sin fronteras: abierta al mundo, cualquiera que sea el país, cultura, religión, medio social…implicando una verdadera disponibilidad todo a lo largo de nuestra vida. Una misión vivida en un espíritu de servicio y de respeto al otro. Abiertas a los desafíos de nuestro tiempo y a las prioridades de la Iglesia, dispuestas a unirnos a los más necesitados, asumimos cualquier tarea que favorezca la vida humana o que valore y haga crecer al ser humano.
  • “Con las hermanas que Dios nos da” Aunque procedentes de orígenes diferentes escogemos vivir juntas, en comunidades interculturales, como un signo de fraternidad y de reconciliación, en este mundo fragmentado. Reconocemos la dignidad, las riquezas y los límites de cada pueblo, de cada persona, manifestamos el sueño de un mundo de paz, de justicia y de curación.
  • “Me ofrezco sin reservas” Una existencia modelada por la contemplación y la acción. En la oración, acogemos el misterio del Dios Amor; en la Eucaristía celebrada y adorada, nos ofrecemos con Cristo y sacamos la fuerza de vivir esta ofrenda; en el trabajo, cualquiera que sea, nos unimos con nuestros hermanos y hermanas humanos: es el Señor el que nos envía y es a Él a quien reconocemos en cada uno.
  • “He aquí la esclava del Señor” Vivimos la misión “a la manera de María” Ella se ofreció al proyecto de Dios en un si entregado para siempre. Durante toda su vida colaboró plenamente en la misión de su Hijo. Primera discípula, Madre de la Iglesia, María nos muestra el camino y nos acompaña.
  • “Alabado seas mi Señor” Siguiendo a San Francisco y Clara de Asís, nuestra misión toma los colores franciscanos de simplicidad y de paz, de alabanza y de alegría, de amistad con los pobres, de amor a la vida y de cuidado de la creación.